martes, 9 de diciembre de 2008

Hooligan borracho conoce a Viejo Mago más borracho.

El único pub abierto en el que no había que pagar entrada y podías seguir tomándote pintas.
Estaba claro que lo encontraríamos.

-One pint of lager and two pints of real ale, please.

-cajlskjfasñdlfjalskfjalsdfkj.

-Sorry?

-que, we dot´n akjfdjañsldjfñalsdjfasdf.

-What?

Y la camarera me hizo el gesto de poner una pinta de ale (de las que se sirven a golpe de palanca y que saben a meados, pero como son típicas te las bebes), y a continuación el internacional gesto de negación meneando la cabeza de izquierda a derecha y viceversa.

Yo la contesté también en perfecto inglés, que entonces me pusiera lo que la diera la gana, pero en ese vasazo grande del que tanto tienen que aprender nuestras ridículas (por pequeñas) cañas.

La gente bailaba, se reía y gritaba. Buen sitio. Justo a nuestro lado hubo un conato de pelea. Vasos rotos, seguratas y un expulsado. Sin más. Fin del espectáculo pugilístico. Habrá que buscar otro entretenimiento mientras nos tomamos las cervezas. Tranquilos, aquí está. Justo a nuestro lado. Un hooligan borracho con la cabeza afeitada. Íbamos a dejar las chupas donde él estaba sentado.

-Guao, blao, gaoooo, eeeeh...

Parecía que el colega quería que nos sentáramos a su lado.

-Nada, tranquilo tío, estamos bien así.

-Que no hoomrbe, que os sentéeeis aquí conmiggo -de pronto el tío o sabía castellano, o no me acuerdo en qué hablamos pero nos entendíamos perfectamente -¿Soiiis españoles? -preguntó el bolinga calvorota.

-Sí, de Segovia, near Madrid, pero odiamos al Real Madrid.

No sé por qué saqué el tema del fútbol. Supongo que pensé que era lo único de lo que podíamos hablar con nuestro nuevo amigo.

Él o no me entendió, o no me hizo ni puto caso, pero se puso a contarme que había estado en Marbella, que se había puesto de farlopa hasta las trancas, y que si teníamos.

-Que va, majete.

Y seguimos hablando de no sé qué, mientras el tío insistía con el gesto de esnifarse rayas del tamaño de trenes de alta velocidad.

Su insistencia no nos incomodó en absoluto. Incluso le invitamos a una pinta de una cerveza que sabía a torreznos. Increíble.

Me lo estaba pasando de putísima madre; bailando al estilo castings de Fama, pero en gordo y en borracho, y riéndome por nada, cuando apareció en escena un viejo ataviado con un chaleco negro con chapas o parches, no me acuerdo, y un bombín. Ya le habíamos visto. Llevaba un buen rato dando el coñazo a la gente haciéndoles una especie de truco de magia que consitía en regalarles una carta. El truco era sencillo. El viejo te daba una carta que llevaba en el sombrero, tú esperabas algo más, pero el Gran Mago se daba la vuelta y se ponía a bailar. El suelo estaba lleno de cartas, claro.

Como el truco era tan cojonudo, nuestro amigo hooligan lo celebró con el mago, y le ofreció un trago de su pinta sin empezar. El viejo lo aceptó de buen grado. De tan buen grado que se la empezó a beber de un trago. Nosotros nos descojonábamos, y el hooligan le daba toquecitos en el vaso, diciéndole que no fuera hijoputa y que no se bebiese toda la cerveza; pero el mago ni puto caso. Se trincó la birra del hooligan, le dio el vaso vacío, se dio la vuelta tambaleándose y se largó. El hooligan cogió sus cosas y también se fue.

Muy bonito todo.