No sé muy bien qué hora debía ser, pero parecía por la mañana. Yo entraba en un bar al que voy bastante, y me pedía un café y un zumo. Lo del zumo puede, pero lo del café a media mañana, ni de coña. Pfff.
La camarera me pone el café, y a continuación me trae un zumo que daba pena verle. Era una taza (en lugar de un vaso de cristal), sucia, con un culín de zumo y con cáscaras de naranja dentro. Cojonudo. Una cosa es que los de Don Simón tengan un zumo con pulpa, y otra, que te pidas en un bar un zumo de naranja natural (en parte porque me mola ver funcionar al robot exprimidor), y sea tan natural que te echen hasta la tierra donde creció el naranjo.
Creo que no monté ningún pollo (aunque la situación lo mereciera), pero sí que hice saber a la camarera mi descontento con su servicio. En ese momento, salió de la cocina un grupo de personas, que me increpaban por lo que ellos entendían una reacción desproporcionada. Entre ellas, se encontraba Yurena la de Fama. A tomar por culo. Por qué me he tenido que acordar precisamente de este sueño, y lo peor, qué me impulsa a airearlo tan impúdicamente.
Yurena me echó una bronca de tres pares de cojones: que quién me creía yo, que si no me gustaba el zumo ya sabía dónde estaba la puerta y cosas así. Hija de puta, si no había dicho nada. La tenía que haber contestado que se bebiera ella la mierda esa y si no, que se lo metiera por el culo a ver si así bailaba un poco mejor. Pero no la dije nada, porque bastante extraño era ya el sueño sin entrar en conversación con personajes de un reality.
El caso es que no me fui y los del bar accedieron a ponerme otro zumo. Pero claro, tampoco podía ser un zumo normal. Esta vez me pusieron una especie de Tajine (ese guiso marroquí a base de pollo o cordero con verduras); pero con zumo de naranja por encima. A pesar de la náusea que acabo de reprimir al escribirlo, el zumo me pareció correcto, y me senté en una mesa para ¿beberme? aquel engendro.
¿Ya había pasado lo peor? Que va. En la mesa en la que me senté, se encontraba mi mujer, hablando con un árabe con pinta de interesante. Uno de esos tíos tan untuoso de formas y tan simpático, que se le ve en la cara lo hijo de la gran puta que es. Me cagoenelcopónbendito.
Aparentemente no se conocían de nada y estaban sentados en la misma mesa por pura coincidencia.
Sí, claro.
Me desperté y me bebí medio tetrabrick de Don Simón con pulpa.
