martes, 9 de junio de 2009

Son las 5 de la mañana

Tengo dos horas para enviar la última entrega de la Trilogía del Embotamiento.
Aún no la he empezado. Primero tendría que tener un título. "Renuncio a todo" se podría llamar.
Sí, perfecto. Tras "Embotados", y "Más Embotados todavía", presentaré al mundo la obra que estaba esperando: "Renuncio a todo" y de subtítulo "Y vosotros deberíais hacer lo mismo".

Vale, ahora solo tengo que escribirlo.
Primero voy a tomar algo. El gato se pasea a mi lado. Sabe que cuando me dirijo a la cocina a las 5 de la mañana se me pueden caer muchas cosas comestibles. Qué listo es el felino de los cojones. Pues que no sea tan listo que igual le vuelvo a echar a la chimenea.

Hace tiempo que el cognac francés no pisa mi buhardilla. Tampoco quedan licores nacionales. Lo único que tengo a mano es un sobre de Tang Naranja con fecha de caducidad de abril de 1989. No creo que haya problema. Lo disuelvo en una lata de cerveza y comienzo a teclear:


Renuncio a todo
Y vosotros deberíais hacer lo mismo

A mi queridísimo e inolvidable maestro... como quiera que se llamase.

Llevo tiempo pensando en hacer algo grande.
Puede que lo haga.
Lo voy a hacer.
Aunque mejor no, mejor me quedo como estoy.
Mejor renuncio, que lo haga otro.
Fin.


El alumbramiento ha sido doloroso, pero ha valido la pena.

-¿Qué se siente tras haber arrojado al mundo esa gloria narrativa?
-La verdad es que ahora me siento vacío. Noto algo en mi interior; más bien no noto nada. Antes de la Trilogía del Embotamiento era otra persona. Ahora, tras compartir con el mundo mis iluminaciones, siento el agotamiento de la obra terminada, la tristeza post coitum de la literatura.
-¿Tienes miedo de morir por haberte tomado un Tang caducado?
-Sí, tengo miedo; pero peor sería no ser capaz de sentir nada.
-¿Consideras tu vida una pérdida de tiempo?
-No, considero el tiempo una pérdida de vida.