lunes, 13 de julio de 2009

-Hola venía por lo de la entrevista.

-¿Y vas a entrar con esos ojos? -y en ese momento suena el interfono. El director de la oficina quiere ver al candidato -ahora mismo le llamo. Está en el servicio -miente la secretaria.
-¿En el servicio? -pregunta incrédulo el candidato.
Entonces la secretaria saca de su bolso un botecito de colirio.
-Toma, échate esto en los ojos a ver si no se te nota tanto que vienes de empalmada, anda majete.
El canditado recuerda su noche de baile y desenfreno y se dirige al servicio agradeciéndo a la secretaria el detalle.
-Muchas gracias, en serio. Tú con estos trucos que te sabes debes estar hecha una pieza de mucho cuidado.
-No lo sabes tú bien.
-¿Te vienes al baño y nos lo acabamos?
-¿El colirio?
-Sí, el colirio después.
Los dos vuelven a la recepción, riéndose y componiendo sus vestiduras. Él da un par de toques en la puerta del despacho del director, y abre sin esperar respuesta.
-¿Se puede?
-Sí, pasa, pasa.
El director le empieza a hacer la batería de preguntas de rutina, pero ve algo raro en el canditato.
-¿Estás bien?
-Sí, perfectamente.
-No, es que te veo gestos raros, como tics. ¿Te pasa algo en la boca?
-No qué va, serán los nervios. Pero míreme los ojos, completamente blancos, ¿eh?
-No, si eso sí, los ojos los tienes muy bien, pero la mandíbula como que se te mueve mucho.
-Usted deme una oportunidad, que no se arrepentirá.
-Venga vale. ¿Puedes empezar el día 1?
-Mejor el día 2. O mejor el 15, y así no nos hacemos líos.