jueves, 10 de septiembre de 2009

-Venga, vamos a alquilar una moto de esas.

-¿Pero has conducido una moto alguna vez?
-Claro; una vez cogí la Derbi Variant de mi primo y estuvimos haciendo una especie de motocross. Menuda hostia me metí.
-¿Ves?
-Que no mujer, que también pillé una vez la Vespino del Dani, para ir a por la priva al HipoDiscount.
-Ya. Hace cuánto.
-No sé, quince años o así. Qué pasa, eso no se olvida, es como montar en bici pero mejor.

Quien iba a viajar de paquete en mi moto no las tenía todas consigo; pero yo estaba decidido. No pensaba pedalear como un gilipollas cuando podía ir en mi escúter haciendo ruido por la calle. Llegamos al sitio donde las alquilaban.

-Hola, ¿cuánto cuesta una moto de esas?
-24 pesos por día.
-Vale, pues dame una.
-Ok, necesito el pasaporte y la licencia de conducción.
-¿Hace falta la licencia para una moto de esas?
-Sí.
-Mierda.

Mi gozo en un pozo. Ya me había hecho a la idea de atravesar plantaciones de tabaco con el viento en la cara. Mi cuerpo ya estaba reaccionando ante la perspectiva de sentir esa fantástica vibración gonadal. Incluso me había arremangado la camiseta para enseñar el sitio donde deberían estar mis bíceps tatuados.
Pero no.
Desde que había comenzado el viaje, ya tenía la sensación de haber olvidado algo. El primer día me di cuenta que me había dejado la esponja. Me dio igual, ya me frotaría con la mano y cuando volviese me metería en un túnel de lavado para eliminar la capa de roña que en un primer momento intentaría presentar como bronceado.
El segundo día me di cuenta de que tampoco había llevado las chanclas. Perfecto, un papiloma es lo mejor para la vuelta al cole. Pero tampoco me importó mucho.
Pero cuando no pude alquilar la motito de los cojones (por la vibración, digo) pensé en volverme a casa.

-Me vuelvo. Se acabó el viaje.
-¿Tú eres tonto?
-Me he dejado la esponja y las chanclas, no podemos seguir así.
-Mira majete. Afortunadamente te has dejado el carné en casa, porque no me apetecía mucho despeñarme en un ciclomotor, o que atropellaras a alguien, o que no supieras cómo frenar y nos estampásemos contra el primer coche con el que nos cruzásemos; así que da gracias por ser un inútil haciendo la mochila.
-Hija de puta -pensé, pero no lo dije.
-Por lo demás, quiero que sepas que el hecho de que seas tan poco práctico es una característica que valoro mucho. Acuérdate de cuando metiste la alfombra en la lavadora.
-No ya, si me acuerdo.
-Pues eso.
-Qué hija de puta -esta vez sí que lo dije.
-Sí, pero tu te quedas sin motito, inútil.