Como anuncié en capítulos anteriores, hoy contaré lo del manguerazo que sustituye al rollo de scotex.
Según estás sentado pensando en tus cosas, o leyendo (a veces se me quedan las piernas dormidas), aprecias un cuadro de mandos a tu derecha. Un reposabrazos con botones. Vas inspeccionándolos uno a uno. Por la novedad de la experiencia, buscas el más inocuo: una nota musical. Joder estos japos, wáter con música. Le pulsas, y te esperas el clásico hilo musical rollo oriental que te persigue desde que sales a la calle, que debió grabar un chino con una goma elástica y una caja llena de gatos. Pero no. Lo que oyes es vaciarse la cisterna. Pero en playback. Escuchas el ruido, pero no corre el agua. Vale majetes, cojonudo. Sois extraterrestres seguro.
Después de pulsar el misterioso botón de la nota musical, ya estás preparado para "La Fuente". Con el elocuente dibujo del pulsador, lo primero que viene a tu imaginación es una ballena expulsando el agua de sus pulmones en la superficie.
Ya estás preparado para Moby Dick. ¡Aprieta! Desde que accionas el mecanismo, hasta que notas el chorro, pasa el tiempo justo como para pensar en apartarte. Pero aguantas el tirón. ¡Aquí viene! Ahhh, uhhh, qué raro, ¡mola!, y vas girando una ruleta con la que controlas la intensidad de la descarga y la dirección. Te conviertes en un furgón de antidisturbios eliminando enemigos a manguerazos. Al principio te da cosa, pero luego no quieres parar.
Esto es progreso amigos.
Estoy convencido de que hay gente que se sienta en la ballena cada vez que puede.
Quince de abril de 2024
Hace 1 año
