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Cumpleaños
Para compensar el expolio del año pasado, en el que no contento con no regalar nada a la criatura, saqueé brutalmente las reservas alimenticias de la familia; este año me fui nada menos que al Eroski y la compré un patinete. De esos rosas medio de juguete.
Abre la caja la niña, y veo salir una bolsita de tuercas, como las de los muebles del Ikea. Hostias. Yo paso de agacharme ahora a montar el tema. No jodas.
Me hice el Lorenzo y me apliqué a la birra y a la tortilla.
De vez en cuando miraba los tubos del patín por ahí tirados en el suelo, mezclados con pizarras mágicas, globos y otros juguetes; y veía a los niños jugar con las ruedas por ahí sueltas, como si fueran piezas de una cocinita que la habían regalado. Me jodía que el patinete pasara sin pena ni gloria, pero lo que tenía claro es que no me iba a agachar ni de coña.
¿No había que estimular la imaginación de los chavales?
¿No habíamos quedado que era malo dar a los niños todo hecho?
¿No éramos más felices antes con las chapas y los peones, que ahora con la play?
Pues ala, ahí están esos hierros y esas ruedas. Haced con ello lo que queráis.
Al año que viene la regalo un balón.
Quince de abril de 2024
Hace 1 año
