viernes, 16 de mayo de 2014

Vaqueros ajustados

Vuelve por donde has venido, sátiro.
Bueno, mejor quédate, que igual al final hay algo.

Carril bici. Pantalones vaqueros. Ajustados. Por el modelo, y por el sistema de tallas incompatible con el sistema de barrigas. Mayo. Calor.

Metí el plato grande. Me lo podía permitir. En mi sentido de la marcha, el carril bici describe una ligera pendiente a favor. Para contrarrestar la cuesta abajo, Dios ha establecido que en ese tramo el viento siempre soplará de cara. Si las cosas se te ponen de cara, bien; pero si es el viento el que te sopla en la cara, y vas en bici, vas jodido.

Por el camino, además de tener que bajar plato, tuve que ver una especie de trifulca entre ciclistas. Un aficionado, completamente equipado y en forma, desaparecía veloz de la escena, y otros dos aficionados, a la bici, y por su pinta, a la birra y a los pinchos, insultaban al ciclista veloz mientras uno de ellos se levantaba del suelo.

-¿Qué ha pasado? -pregunté.
-¡Que le venía empujando! -me contestó el que se mantenía en pie, con la bici entre las piernas, en referencia a su compañero recién incorporado. Y añadió-:El viejo asqueroso ese... -esta vez en referencia al ciclista veloz, que, según deduje de las palabras de mi orondo interlocutor, tenía ya una cierta edad como para andar empujando a los demás ciclistas, por muy gordos y muy lentos que sean.

Seguí mi camino mirando aviésamente a cada ciclista veloz que me encontraba, y después, se acabó el carril bici y continué por la calzada, donde continué mirando mal e insultando a cada coche que pasaba demasiado cerca de mi aura. He llegado a mi destino sano, o tan sano como he salido de casa, que igual no es mucho, y salvo; pero dentro de un rato tengo que volver a ese camino plagado de injusticias, a esa franja sin ley que es el carril bici.
Deseadme suerte.