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lunes, 27 de abril de 2009

MADRID 3344WX, 20:10, MOSTRADOR 332.

-¡Eh, eh!, ¡oye, oye! -y avanza empujando su trollie o troli o como se escriba el puto carrito de ruedas que ha sustituído a la maleta; a punto de romper los tobillos al objeto de sus iras.
Ella solo es la vanguardia de la cola de enfurecidos que tratan de parar los pies al viajero listillo, que ha visto el cielo abierto en el mostrador que acaban de abrir: "ahora me coloco en esa ventanilla, facturo, y dejo a estos gilipollas esperando mientras me salgo a echar un piti".
Pero los pobladores de la cola no están dispuestos a tolerar al oportunista así por las buenas. A ellos también se les ocurrió colarse, pero no tuvieron huevos. Esperaron a que un intrépido tratase de ningunearles para exigir lo que disfrazan de respeto, pero que en realidad es "si yo no he podido, tú tampoco".
Mal el listillo, mal la justiciera, pero peor las compañías:
"Venga, abre un mostrador a ver si van viniendo"; "Pero si ya hay una cola de la hostia", "Da igual, tú abre solo uno de momento y luego abrimos otro, ya verás qué descojono".
Hijos de puta.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Tengo agujetas.

Hacía años que no las tenía. La última vez que esos cristales de ácido láctico se me clavaron en los músculos, fue hace tres o cuatro años, al volver de un viaje de bajo presupuesto. Las agujetas las tenía en los muslos, y me salieron por cagar en vilo durante muchos días. Ese fue el último deporte que recuerdo haber practicado.
Hasta ayer.
Ayer estuve toda la mañana, o por lo menos un rato, tirando un boomerang, y yendo a por él.
Sí, lo sé, merezco que el boomerang vuelva y me rompa los dientes.
Tengo el brazo destrozado de tanta pasión que puse al intentar que ese diabólico engendro hiciera algo más que dar vueltas y estrellarse contra el suelo. Alguna vez hizo una leve intención de volver, o eso me pareció a mí, pero no terminó de salirme. Debe ser por la calidad del boomerang. Un todocién no creo que sea la mejor opción para comprar uno.
De momento voy a estar una temporada en reposo total. Incluso puede que tenga que dejar este maravilloso deporte.
Lo siento por los espontáneos seguidores que me acompañaron ayer en mi exhibición. Ahora podrán pasear tranquilos, pero perderán la emoción que se instaló ayer en sus vidas cuando me veían lanzar un palo raro y se cubrían la cabeza en inequívoco signo de respeto por tan elevada afición.
Tranquilos, ya buscaremos otra estupidez igual de temeraria.
Lo importante es la salud, así que, aunque me joda, el boomerang se quedará en el maletero del coche cómo mínimo hasta el 2010.
No quiero precipitarme.