Estuve en una competición de pulsos.
Bueno no es exactamente así. Más bien es una burda mentira, como tantas otras; pero tampoco os importa lo que pasó de verdad. Más bien sí que os importa, pero mejor no os lo cuento.
Puede que más que importaros lo que pasó, lo que ocurre es que no os importaría saberlo. Incluso os gustaría saberlo. Con lo que cerramos el círculo, puesto que si algo te gusta algo, es que te importa. Algo.
Me gusta la oreja a la plancha. Por ejemplo.
¿Eso quiere decir que me importa la oreja a la plancha?
Pues supongo que dependiendo de la situación, sí que me importa; pero ahora mismo, puedo afirmar que me gusta, pero que no me importa una puta mierda ese apéndice porcino.
La cosa se pone fea señores.
Sigamos con este sinsentido.
Bien, entonces acabo de asegurar que no me importa la oreja. Si no me importa, entonces me daría igual que, por ejemplo, desapareciera de nuestra gastronomía tan glorioso pincho. Joder, pues no me gustaría, la verdad. Entonces sí que me importa.
Esto...
Bueno, que me duele un brazo.